Compartir

«Jardín Negro», de Fernanda Larraín: una valiosa serie fotográfica hecha en colodión húmedo

La muestra, organizada por la Corporación Cultural de Ñuñoa, estará montada hasta el 7 de junio en el hall del Edificio Consistorial.

Buscando cómo hacer fotografías análogas sin la gelatina como emulsión —debido a su veganismo—, Fernanda Larraín (1979) llegó al colodión húmedo, una técnica que data de 1851 y que se basa en la utilización de placas de vidrio o de metal para fijar la imagen que la cámara captura. Dedicó más de un año a aprender de procesos, químicos y cámaras, y decidió que desde entonces esa sería su técnica. Hasta ahora, no ha vuelto a usar películas fotográficas.

En los últimos 13 años, Larraín ha confeccionado varias series de imágenes en colodión húmedo, como “Aguatierra” (2012), “Jardín negro” (2015), “Fuego” (2017), y “En la palma de mi mano” (2022), que han sido expuestas y editadas en libros. Su último proyecto, “Línea de flotación” (2023), se presentará próximamente en el Museo Palacio Vergara, de Viña del Mar.

Una de las series más extensas es “Jardín Negro”, compuesta por más de 60 fotografías. Hasta el 7 de junio, Larraín presentará una selección de 20 obras en el Edificio Consistorial de la municipalidad.

Como se verá en esta exposición, las fotografías de Larraín siempre ponen a la naturaleza al centro. También, y sobre todo en “Jardín Negro”, son imágenes que contienen un fuerte vínculo con la historia de su familia. Son piezas elaboradas desde una mirada íntima. No hay muchos planos abiertos, porque el foco está más bien en los detalles del paisaje que llaman la atención de la autora, en las texturas, la belleza de flores y plantas, y en las sombras.

“El campo familiar donde realicé ‘Jardín Negro’ viene de mi tátara abuelo. Luego fue de mi abuela materna, después de mis papás y mi tío. Entonces, yo crecí ahí y este proyecto significó volver a la raíz, al lugar donde pertenezco”, comenta la fotógrafa.

Para hacer imágenes en colodión húmedo se requieren placas de vidrio y cámaras voluminosas, además de elementos como el cianuro y el nitrato de plata. Es un proceso largo, no solo por el tiempo de exposición, sino también por los preparativos. Y justamente eso es lo que maravilló a Larraín: “Siempre me ha encantado el laboratorio. Me gusta la artesanía del oficio, la química, ensuciarme las manos. La pasión mía va por ahí. Aunque no tengo nada en contra de la fotografía digital, necesito tener una curiosidad cuando voy a trabajar”.

Relacionado