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El futuro desde una perspectiva feminista

Por Catalina Estrella

A lo largo de la Historia, la humanidad ha atravesado diversos momentos de crisis, desde las grandes revoluciones que cambiaron el paradigma del trabajo, pasando por las Guerras Mundiales y los regímenes totalitarios de Europa, las dictaduras en Latinoamérica, el calentamiento global y, por supuesto, los movimientos político-sociales como el feminismo, que hasta el día de hoy lucha contra el patriarcado y el sistema capitalista por una sociedad más justa e inclusiva en plena igualdad y resguardo de derechos para todas las personas que la conforman.

Las primeras olas del movimiento feminista abogaban por la liberación de las mujeres, por el acceso al trabajo y a la educación, el derecho a la propiedad y la independencia económica, el sufragio, etc. Sin embargo, a medida que el feminismo toma fuerza y se nutre de las infinitas experiencias de opresión, el movimiento se va ramificando según los factores en que los diversos grupos organizados centran sus esfuerzos.

Actualmente, hablamos de feminismos en plural para referirnos a una multitud de corrientes al interior de un gran movimiento, las cuales, se han articulado tanto en la teoría como en la acción directa. Dichos feminismos han celebrado sus diferencias entre sí y han visibilizado su lugar político. Ejemplo de ello son los feminismos negros, el ecofeminismo, el feminismo interseccional, entre otros.

Crisis estructural

Las crisis permiten revisar las estructuras que sostienen las “grandes verdades”, es decir, todo aquello que consideramos como establecido en constructos sociales. Estos cuestionamientos a la norma repercuten categóricamente en la forma que tenemos de ver y habitar el mundo.

La cultura por su parte, es un organismo vivo que va mutando con la sociedad que la construye. Las expresiones artísticas de nuestro tiempo son un reflejo de la caída en la rigidez de las categorías.

Los grandes movimientos sociales de nuestro tiempo cuestionan los límites de lo establecido, lo inamovible ya no es tal, y de a poco comenzamos a notar el auge de los matices en lo literario.

Históricamente, la literatura ha sido clasificada en categorías genéricas que responden a criterios establecidos en relación a la forma y el fondo en que se organiza un texto literario: crónica, novela romántica, obra dramática, cuento, etc. Sin embargo, hoy en día es altamente posible entrar a una librería y encontrarse con obras inclasificables que no caben tan fácilmente en una categoría u otra, textos cuyas características plantean una cierta fluidez en los límites del género. En este contexto, no es de extrañar abrir un poemario y encontrarse con un estudio feminista, un ensayo que no es solo un ensayo, un poema que no es solo un poema.

Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora de Yolanda Segura y Chicas en tiempos suspendidos de Tamara Kamenszain, son claros ejemplos de este fenómeno. Ambas obras tienen en común el uso político del lenguaje poético para problematizar el patriarcado desde diferentes lugares.

Por un lado, la voz que construye Segura se ocupa de la clase social como el factor central que nos aqueja bajo la estructura patriarcal y el sistema capitalista y por el otro, Kamenszain cuestiona el lugar de las mujeres dentro de la cultura y del orden del mundo a través de la discusión dicotómica poeta/poetisa, mientras habla de la lucha por el derecho al aborto en Latinoamérica y cuestiona el espacio que tienen los grandes vates dentro de la literatura y sus motivaciones para escribir en relación a las que tenemos las mujeres y disidencias.

Con un pie en el poema y otro en el ensayo, ambos textos representan una apertura de las categorías, se ubican en un lugar donde los géneros fluyen y se involucran, permitiendo un diálogo creativo que se concreta en la multiplicidad de experiencias posibles, desmarcándose de la mera discusión teórica.

Resulta muy interesante cruzar estas obras que se articulan en torno a un feminismo de clase, Segura desde el trabajo y la opresión capitalista y Kamenszain desde la cultura y el oficio, pues ambas llegan a un punto en común abriendo los límites del género desde el quehacer literario y el quehacer feminista desdibujando los límites de lo establecido.

La introducción de obras rupturistas escritas por mujeres al canon literario, se traduce en una importancia material y simbólica trascendental, más allá del impacto que tienen en la literatura, son una forma de politizar el arte, documentando desde la voz de las personas oprimidas. Autoras como Segura y Kamenszain contribuyen a las discusiones que estamos teniendo en nuestro propio contexto, abriendo los estudios del feminismo desde la creación literaria, al problematizarlo más allá de los límites binarios del género, en donde algo es en relación a lo que no es, y no a su naturaleza misma.

Una de las grandes discusiones feministas de nuestro tiempo se relaciona con la vara con que nos medimos. Pareciera ser que hay un cierto decálogo por cumplir para adscribir al feminismo de forma correcta, como si todas las mujeres nacieramos en las mismas condiciones, como si solo las mujeres cis género sufrieramos bajo el patriarcado, como si ser mujer se relacionara exclusivamente con la genitalidad.

Una motivación universalizante, igualadora que niega la pluralidad de existencias y de experiencias, cierra la discusión al diálogo, es excluyente y un feminismo que excluye niega las bases del movimiento mismo que persigue una sociedad equitativa.

Las políticas relacionadas con el género -por no hablar de las políticas heterosexistas, homo- o transfóbicas y racializadoras- no afectan a todas las personas por igual. La violencia golpea algunos cuerpos y no a los de todes. Las normas de género, como otras normas mundanas, salvaguardan la vida de algunes, volviendo prescindibles la de otres.[1] (..) No todes somos vulnerables de la misma manera y en la misma medida; la precariedad es diferenciadora, está distribuida de forma desigual, y las políticas de vulnerabilidad, los acuerdos institucionales y legales, las normas sociales y las realidades económicas ponen en peligro (e incluso perjudican) a algunes y protegen a otres.[2]

Activar la colectividad

La pluralidad es innegable en nuestra existencia y debe ser protegida porque es lo que nos constituye como humanidad y permite la apertura del diálogo en las discusiones.

En particular el feminismo se ve cruzado por múltiples factores, proyectarlo con miras a un futuro acorde con la realidad de los contextos individuales, implica dejar de perseguir una forma única de habitar el movimiento y replantearlo más allá del género, buscando los puntos que tenemos en común en relación a nuestras luchas personales. Abrazar la diferencia en las formas de habitar el feminismo permite entender la importancia de un mismo factor que nos cruza a todes: la clase.

las clases han de determinarse en su

relación con el capital

y no en su relación con el poder

adquisitivo::::::::::::::::::::::::::::::::::[3]

No existe una sola forma de ser mujer, a cada una de nosotras nos atraviesan nuestras propias luchas y experiencias de vida, unificarnos a todas en un mismo molde de opresión es invisibilizar la diferencia que existe entre cada persona oprimida por el patriarcado y el capitalismo que es el sistema económico que lo sostiene. Abrazar la diferencia, teniendo en cuenta al enemigo común nos va a permitir construir una sociedad más justa, más equitativa y en pleno respeto de los derechos y de las diversidades.

La importancia del feminismo en nuestros territorios

Este último tiempo hemos sido testigos y partícipes de momentos claves de nuestra historia política. Nos articulamos en torno a discusiones de cómo construir la nación que soñamos, ese Chile donde cabemos todes. La multiplicidad de demandas sociales resolvió cómo activar desde su individualidad buscando la unión en torno a un bien mucho mayor, sin perder sus propias voces. Esas que gritan sus luchas. Pero antes de que lográramos el triunfo en las urnas, antes de la organización en los barrios, el feminismo salió a la calle, alzamos la voz afuera. El 2020 organizamos una marcha completamente pacífica, multitudinaria como nunca antes en toda nuestra historia. Mujeres y disidencias nos alzamos en el Día de la mujer trabajadora post estallido social entendiendo que el Chile de la Revuelta no tenía una sola voz, este Chile que despertó del letargo neoliberal está lleno de diversos cuerpos, todes azotades por la violencia de Estado pero cada une afectade de distinta manera en relación a sus propias condiciones de vida.

Actualmente, nuestras conversaciones giran en torno a la construcción de la comunidad y de esta lucha que estamos llevando a cabo, de una historia que estamos escribiendo en miras de un país más justo. No tenemos todas las respuestas, pero podemos empezar a documentar, a construir lo colectivo a partir de la suma de los testimonios y experiencias individuales preguntándonos cuál es nuestro lugar, hasta dónde la clase que habito influye en los privilegios que ostento en relación a otres.

Desde mi espacio en la cultura como mujer trabajadora, desde el oficio que practico y mi propia clase es que sueño con un feminismo que nos incluya a todes, a cada uno de los cuerpos que ha sufrido la violencia heteropatriarcal. Un feminismo anticapitalista que se construya desde la clase y que se proyecte como un movimiento interseccional, antirracista, anticapacitista y transincluyente.

Serie de circunstancias posibles en torno a una mujer mexicana de clase trabajadora

Yolanda Segura

Almadía

Chicas en tiempos suspendidos

Tamara Kamenszain

Eterna Cadencia

La mujer antifeminista y otros textos

Adrienne Rich

Los libros de la mujer rota

El futuro de la diferencia

Sabine Hark / Paula-Irene Villa

Roneo


[1] La edición de Roneo, incluye una nota del equipo de traducción que indica que marcan con un * aquellas palabras en que las autoras querían destacar la inclusividad de género. Para este texto se utiliza la e como marca de lenguaje inclusivo como forma válida de expresión en todo contexto.

[2] Hark y Villa (2021)

[3] Segura (2021)

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